Y si sabes cómo soy, ¿por qué me dejas jugar con cristales? El tiempo se me escapó de las manos y se estrelló en el suelo, rompiéndosenos en pedazos chiquitos como mis mentirijillas, en trocitos minúsculos e irreparables.
Y con los ojos empañados en lágrimas los barrí y así nos quedamos, con el tiempo entero entre las manos, y un segundo despues, hecho añicos, en mil pedazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario