domingo, 23 de octubre de 2011

La niña del camión

La niña del camión es roja, rosa, púrpura. Es una muñeca. Con su cuerpecito menudo y sus ojos como lunas. Lleva bragas de encaje y tiene la piel pintada con tinta, vello en las axilas y la expresión más dulce que puede tenerse. 

La niña del camión lleva las piernas envueltas en rejilla y un sombrero gigante, que me recuerda a Linda Perry en los noventa. Vive en su fábula punk, y se pierde en las espirales de su habitación de espejos, en sus cortinas de lunares, en los azulejos que alicatan sus sueños rosas y negros.

La niña del camión es preciosa. Y abre la boca y se escapan por ella las bandadas de pájaros que tiene en la cabeza. La niña del camión es una muñeca que ríe, llora e ingenia quimeras. Que cruzó el océano, que atravesó, seguro, valles y selvas. Que escribió poesía, hizo el amor y comió setas. Que vive libre, y no sólo sueña. 

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