miércoles, 28 de septiembre de 2011

Los gatos se volvieron locos

Así que con la llegada de la noche, de la oscuridad, ha salido la Luna. 

Al dibujarse su silueta en el empedrado de las aceras, los gatos se volvieron locos. Los maullidos se escuchaban más allá del muelle. 

Era una estampa, en principio, anecdótica. De aquí y de allá iban acercándose gatitos. Uno de debajo de un contenedor, otro que salta desde la copa de un árbol, algunos pequeños, curiosos, observándolo todo antes de acercarse. Uno se tumbó en el centro del cerco que dibuja la Luna llena de Julio sobre la acera, y unos cuantos le siguieron. 

Sigilosos noctámbulos escondidos entre los miles de recodos que forman la avenida, poco a poco fueron juntándose. Todos. Cada vez más. Sumando decenas. Todos amontonándose en el dibujo que la Luna, que salió hace un rato, dibuja en el suelo.

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