miércoles, 28 de septiembre de 2011

Herramientas para la calidad

La hoja, que en su momento fue blanca y virgen, recoge los garabatos a boli que, con desgana, anoté entre las líneas impresas allá por las cuatro de la tarde, cuando la lucidez se asomaba a mi mesa de estudio a intervalos intermitentes.

Desde el reloj que me mira burlón crucificado en la pared, los minutos discurren entre gráficos de control y planillas de inspección, herramientas para la gestión de la calidad que espero tardar en olvidar tanto como tardo en aprender.

Las letras se separan, se emborronan, se despegan, se alejan años luz de mi capacidad de concentración hoy más limitada que nunca. Bailan los caracteres su fiesta de venganza mayo 2008, por haberlos obviado hasta este momento. El inefable tormento de la noche antes.

La tendencia central y los límites superiores e inferiores se entremezclan entre si, con mi mirada perdiéndose a ratos en la pantalla del ordenador, y los dedos escabulléndose traviesos hacia el teclado. Y los diagramas de dispersión, en mi, dibujan gráficas de desconcetración exponencial.

Vuelvo a los garabatos escritos a bolígrafo, y la mano se desentiende coloreando poesía. Intento centrarme. Y las pupilas comienzan a diluírse, inminente el desastre, para dejar paso al humor de mis ojos fluyendo desde las órbitas oculares, resbalando por las mejillas el iris, haciéndose agua el cristalino, empañando las hojas que un día fueron vírgenes en blanco.

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