Era violeta la tarde mientras el sol se caía, retorciéndose sobre las fachadas. Humedecía el inverno mis huesos. Era la tarde de color violeta violento, y se escurría la condensación de la tinta en los cristales. Era la tarde violeta, y dentro, luces de colores dibujaban enjambres brillantes en las paredes. En su movimiento circular uniforme, se reproducían constantes los Creedence. Yo, escribiendo con tinta negra.
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