lunes, 3 de octubre de 2011

Líneas paralelas

Debería extender los brazos y cerrar los ojos, y con un pie delante del otro, caminar hacia el infinito sobre esta paralela de funambulista, porque es allí donde se supone que debemos cruzarnos.

Pero las matemáticas me parecen mentirosas e inexactas y no entiendo las incógnitas, ni las parábolas, ni los números imaginarios. Y el profe de dibujo es rubio y tiene moto, y aún así sigo sin saber cómo colocar la escuadra y el cartabón para que todo quede perfecto, simétrico, proporcionado, armónico.

Soy una línea quebrada, doy tumbos, cambiando de rumbo sin sentido ni mapa cada vez que estornudo, dibujando polígonos imposibles sobre el asfalto. No me extiendo en ambos lados hacia el infinito. El infinito es inhóspito y oscuro, y huele a fregasuelos. El infinito es para los creyentes, no para los locos.

Yo soy una línea quebrada que gira y se retuerce. Mirarás a tu lado, intentando encontrarme, en Octubre, en Noviembre, en Julio, y quizás yo no camine a tu ritmo, estaré durmiendo en el sofá, o más allá de los Urales, o quizás en la Luna. Estaré nueva, o usada o rota.

Iré dibujando saltos, escondiéndome como el Guadiana, enterrando a veces la cabeza bajo la manta, como las avestruces de mis cuentos. Con mi largo cuello sembrado de cicatrices de dardos tranquilizantes.

Inconstante, irracional e incompleta. No pretendas encontrarme en tratados geométricos, búscame mejor en el zoco, en el callejón, en las tabernas. Y deja de decirme que no me quieres. Yo a ti tampoco. Un poeta dijo una vez que para eso no habrá paz, ni países, ni sexo que lo cambie.

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