miércoles, 28 de septiembre de 2011

Andrea

Hizo un ligero ademán y se encogió de hombros. Arrugando la nariz en aquel gesto suyo tan aniñado, puso primero los ojos en blanco, y luego clavó en las mías sus pupilas incendiarias.

-¡Bah! -me contestó. -Te castigaré con el látigo de mi indiferencia.

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