miércoles, 28 de septiembre de 2011

Antología narrativa

En Comala fui como el rio que fluye, y en Bohemia me eduqué como sus mujeres. En la orilla de Kafka me hice gaviota de la mano de Juan Salvador, el pequeño ángel, y al desplegar mis alas me abrazaron cariñosos los cuerpos celestes que observaba Beatriz, la reina del Paramaribo, aquella olvidada ladrona de libros.. Momo me contó cuentos por palabras, y en la lectura comprendida en un minuto tuve sed incontenible de champán. Mis renglones, como los de dios, también se escribieron torcidos, y a través del espejo me asomé a la nada. Morel inventó para mi narraciones extraordinarias, y mis edades se sucedieron, frenéticas, para acabar consumidas en un delicioso suicidio en grupo en el café de Mike, con el tic-tac escalofriante del péndulo, dejando correr los segundos tras la sombra del obelisco.

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