miércoles, 28 de septiembre de 2011

Palabras inventadas

Y me dijiste que no me investase palabras.

El viento gélido se coló de repente por la puerta que se abría, y se dirigió hacia mi, preciso. Se metió por mi nariz al tiempo que tomaba aire para suspirar por tu rencor incontenido, y me dejó muda.

Así que hablaste durante minutos distendidos en el tiempo hasta parecer horas. Y yo muda, la voz comida por el viento, dejé de invertarme palabras. Y como no podía cambiar los verbos feos por gotas de lluvia de colores, permanecí inmóvil, sentada en mi taburete, mientras tras tu espalda, caían en un horrible estrépito de ruidos indeseables, los restos de las ruinas en las que, con nuestro adiós, convertimos los palacios.

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