Era un sueño extraño. Yo caminaba en silencio tratando de no pisar las lápidas. Me acercaba a la puerta pero dentro estaba tan oscuro que no llegaba a ver nada. Entraba despacio, conteniendo la respiración, mientras mis ojos se acostumbraban a la penumbra. En cuatro o cinco pasos estaba en el centro de la estancia. Él esperaba fuera. El suelo, y también las paredes, estaban cubiertos de lápidas.
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