domingo, 6 de mayo de 2012

Egoísta

Dime que no he envejecido, dime que he madurado. Llámame bonita. Di que en mi sonrisa fue lo primero en lo que te fijaste. Di que echas de menos oírme reír, que echas de menos verme ilusionada. Recuérdame cómo fui feliz antes, dibújame cómo seré feliz en el futuro. Acaríciame el pelo. Llámame niña. Trátame como si fuese de cristal cuando veas que me rompo. Deja que me rompa, contra las paredes, contra los espejos, contra las tijeras y las ventanas, y recompón mis pedacitos. Con paciencia, miles de veces, todas las veces que jugaré a destrozarme. Mírame sin prisa, o, por lo menos, no esquives mi mirada. Pregúntame si te quiero y oblígame a recordártelo. Dime que me quieres de manera repetitiva y exagerada, para que no me falte nunca aire. Sonríeme, como a los gatos, como a los niños. No me sueltes la mano. No sabré compensártelo, de eso no hay duda. No sabré devolverte nunca todos los favores. Y siempre pediré más y más sin dar quizás nada a cambio. Arañaré, bufaré, me morderé una y mil veces, rugiré y lloraré, y me dolerá el estómago. Pero quiéreme un poco, tan sólo un poquito, y nunca me atreveré a irme de tu lado. 

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