sábado, 12 de mayo de 2012

Alfabeto griego de madrugada

Me apetecía leer durante horas, pero no encender la luz. Así que me paseé distendida por el alfabeto griego para encontrarme en ribetes y ojales de todas las alphas, las betas y las gammas. Luego salí a la ventana. Cada vez salgo menos, porque aunque merezco mi marco cariñoso dibujar la calma de su cuadro de doble ventanal, también merezco las horas de sueño y las mañanas discretas. Me sorprendió ver un sinfín de luces encendidas. La noche no era fría, pero el viento agitaba con furia todas las presencias.

El momento de recreo pasó rápido y corrí desgastada a la cama. Después de todas las horas del día, y de todas las horas de la noche, me dormí lo que restaba al reloj, sonriendo.

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