Ya está aquí el café. Llega tarde, pero lo agradezco igualmente. Tendría que haber estado aquí a las siete, cuando la respiración agitada y los lloros entrecortados no me dejaban respirar. Tendría que haber estado aquí a las ocho menos cuarto, cuando sonó el despertador y se fraguaba la tormenta. Tendría que haber estado aquí hace una hora, conmigo desatada en mi soledad, golpeándome con firmeza la cabeza. Tendría que haber estado aquí cuando lo estaba el alfiler afilado, desgarrándome bajo mi mando tembloroso. Tendría que haber llegado antes, pero llega ahora.
Está frío. Y apenas tiñe la leche del color de mis derrotas.
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