Llegará un día en el que me levante por la mañana y, como hoy, todo esto ya no me sirva. Llegará un día en el que no me basten ni las tijeras ni los nudillos. Llegará un día en el que a bofetadas no pueda aplacar la histeria. Llegará un día en el que chille y sangre de verdad, y no como chillo y sangro ahora, entre bolsas de edulcorante, entre arañazos paralelos que no se desbordan, sólo me contienen.
Llegará un día en el que nada sea nada, y todo se derrumbe. Llegará el día de cumplir amenazas.
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