Mi ciudad parece Cádiz, dicen los marineros. Están levantados los adoquines de la mayoría de sus calles; y sus fachadas, cubiertas de cicatrices. Mi ciudad tiene puerto, y aires de capital de provincia. En algún momento suspendido en el tiempo se creyó opulenta y elegante, y ahora vive sitiada, marchitándose por muchas de sus esquinas. Mi ciudad no es mía, como no lo fueron las anteriores; y a la vez es mía, como todas y cada una de ellas. Ahora apenas la recorro, apenas la desgasto con mi paso apurado. La vida me lleva a cruzarla rápida, pero siempre intento sonreírla. A los muchachos con las metralletas, a los gitanillos en los soportales, a la vieja Janis Joplin, que a veces canta y a veces grita, y a la anciana del primero, que pone la televisión a todo volumen, con la ventana abierta, y en el alféizar los geranios.
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