jueves, 31 de mayo de 2012

Carta de Marta

Llegar. Tirar del freno de mano y apagar las luces. Comprobar las puertas. Arrastrar escaleras arriba el día y el cansancio. Llaves en la cerradura. Qué tal la tarde y quitarse los zapatos. Respirar y dejar el macuto en una esquina cualquiera. Un sobre con mi nombre encima de la mesa. Carta de Marta. Llorar de alegría.

martes, 29 de mayo de 2012

Yo reducida a pavesas

En mi propia hoguera ardía, braceando. Hoy soy ya sólo brasas. Pronto seré cálidas cenizas, tiñendo de negro el mundo. Yo reducida a pavesas.

La inflexión ha comenzado

He recorrido tantas veces lo últimos metros que podría definir con exactitud el sonido de cada paso. Es el tramo final, dentro de poco habré llegado a lo más alto y sólo quedará ir cuesta abajo. La inflexión ha comenzado. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

Lo terrible de estar rota

Estar rota era terrible. No era doloroso, como podría parecer en un principio. Dolía, un poco, un dolor agudo, como los pinchazos en el pecho cuando subes corriendo los cinco pisos que llevan al abismo, sobre todo en las aristas de los trozos pequeños, pero eso no era lo más importante. Lo terrible de estar rota era el incordio que suponía ir olvidándose trocitos por todas partes. No había sitio en el que no me apoyase un momento, lugar en el que me sentase, me agazapase o me escondiese, en el que no se me olvidase algo. Se hacía muy difícil llevar la cuenta de tantas piezas, sujetarlas constantemente para que no se desencajasen, intentar mantenerlas unidas. Me dejaba trozos por todas partes. Y no siempre era capaz de recordar dónde los había visto por última vez, no siempre podía deshacer el camino y tener la suerte la encontrarlos. Perdí tantos trozos que había partes de mi de las que ya no quedaba nada. Y luego llegó el verano, y todos los trozos que tenían un canto al aire, se secaron. 

Hoy ha vuelto a pasar

Hoy ha vuelto a pasar. Durante horas respiré hondo, tratando de mantener un ritmo cadencioso y apaciguado. Abrí y cerré los puños, haciendo fluir la sangre. Me mantuve serena, y aunque la boca del estómago contraída me amenazaba con histeria en vómito, aunque la pierna derecha se descontrolaba hasta hacer tambalearse los monitores, aunque agarraba con fuerza las tijeras... ni desgarré las cortinas ni chillé enrabietada. 

Hoy ha vuelto a pasar. Antes de irme escupí veneno. Acumulé la ira y la exhalé de nuevo. La mastiqué y no supe tragármela, y la tiré con fuerza contra la pared mientras bajaba a saltos por las escaleras. Hoy ha vuelto a pasar, y aunque juré que podría, no puedo. Aunque juré que lo haría, no puedo. Aunque juré que no lo haría, no lo hago, y pese a no hacerlo, es hoy de nuevo el día en el que no puedo. 

martes, 22 de mayo de 2012

El 38 de Mayo

Era 38 de Mayo y yo dormía ya con las ventanas abiertas. Se colaban así, conmigo a oscuras tumbado boca arriba, todos los ruidos que se escapaban del patio, inundando la noche, el arresto y la estancia. 

Al escritor al que escribo

Todo lo hacemos al revés. Tú te sientas por las noches, con la puerta de la terraza abierta y las luces del puerto iluminando tus tejados, a coser con cariño las entradas de cine. Las fotos de los Beatles, las portadas de los discos, los grabados y las pizarras. Coses los gatos y los secretos, coses los lobos, las escaleras, las rosas y las risas, las lágrimas, los lagartos y todas las palabras que siempre repetimos, chica sangre y miedo, miedo meses y colores, y coses la esencia misma de todas las cosas. Y lo cosido lo resguardas en versos que en seis palabras cuentan la vida. Haces que suene tan sencillo, tan brillante y tan eterno como la tarta de ausencia y los inconclusos techos. Casi nada tiene su nombre, y sin embargo es la vida al completo, pintados todos sus detalles a dos tintas, tu poesía una imagen tan nítida y perfecta.

Y yo en el espejo, haciendo lo contrario. Estirando el trayecto anodino del aparcamiento a la puerta, estirándolo tanto que de estirarlo lo agiganto y lo ensanchezco. Y me invento todos y cada uno de los sinónimos posibles, para explicarte, en párrafos interminables de cadencia cuestionable, con todo lujo de detalles las piedras, los soles, los edificios y las aceras, las miradas de los extraños, el bullicio general y los pequeños sonidos puntuales. La puerta que se cierra, el pájaro que canta, el freno de un coche o mi desesperación chillando desatada. Yo construyendo frases eternas, dibujando con miles de colores el paisaje generalista y la inmensidad de la nada. 

domingo, 20 de mayo de 2012

Escribir lo que quiera, escribirlo cien veces

Puedo escribir lo que quiera, una y otra vez, siempre lo mismo, o enmascarado bajo cualquier argumento. Puedo escribirlo cien veces, en prosa o en verso, arrancarle los colores, pintarlo de negro. Puedo escupirlo, vomitarlo, llorarlo o encenderlo. Puedo reescribirlo y editarlo, traducirlo, invertirlo o volverlo inconexo. Puedo escribir lo que quiera, escribirlo cien veces, pero no puedo, simplemente, arrancármelo de dentro. 

Todas las noches desde aquella noche

Todas las noches, desde navidad, tengo el mismo sueño. Todas las noches. Desde aquella  cena en la que hablabas del manager de los Beatles. Aquella noche estabas más lúcido que nunca y te expresabas sonriente, haciendo aspavientos, y yo bebía ginebra, y fumaba uno de tus habanos. No fumaba desde la boda de Clara. Aquella noche nos acostamos casi al alba, y el sueño me despertó de un sobresalto rozando el mediodía, en una cama extraña. Desde aquella noche, todas las noches sueño lo mismo. Y me levanto sobresaltando, angustiado, con el corazón disparado. 

Todas las noches sueño que despierto. Que abro los ojos, y no veo. 

Agazapada entre las sombras

Soy una forma difusa agazapada entre las sombras. La desazón palpita inquieta, constante en mis sienes.

Aroma de histeria

La regaba cuidadosamente y la ponía en el alféizar por las mañanas. A mediodía, la metía en el interior para que el sol, despiadado y preciso, no la quemase con su yugo. Al anochecer la sacaba de nuevo, al relente y al fresquillo. Al cabo de los meses, floreció la histeria, y la casa se crispaba, embriagada por su aroma. 

Miedo

Llegó un momento en el que tenía miedo a todo. Sobre todo, a mi propio miedo.

viernes, 18 de mayo de 2012

Efecto Kuleshov

Mi yo impasible, y un plato de sopa de fondo. Mi yo impasible, y el día en que nos conocimos. Mi yo impasible, y todos los silencios. Mi yo impasible, y el gato que se lame. El gato que araña las cortinas. El gato que duerme en el alféizar. Mi yo impasible, y mi yo impasible de fondo. Mi yo impasible, y un café que se enfría. Mi yo impasible, y el tráfico agolparse en los semáforos. Mi yo impasible, y de fondo impasible, una radio rockera. Mi yo impasible, y las terribles mañanas. Y las noches oscuras. Y los días de playa. 

Countdown

Ya había recogido los pelícanos, y la granja parecía dormir sumida en un grave silencio. Me acerqué al calendario y grabé la fecha a fuego. Quedaban doce días. 

Laudas sepulcrales

Era un sueño extraño. Yo caminaba en silencio tratando de no pisar las lápidas. Me acercaba a la puerta pero dentro estaba tan oscuro que no llegaba a ver nada. Entraba despacio, conteniendo la respiración, mientras mis ojos se acostumbraban a la penumbra. En cuatro o cinco pasos estaba en el centro de la estancia. Él esperaba fuera. El suelo, y también las paredes, estaban cubiertos de lápidas. 

La verdad sobre los ánades reales

Agolpados frente a la guillotina, Emilio hablaba sobre la necrofilia en los ánades reales.  Los patos macho se violan unos a otros cuando mueren. O eso dice un científico holandés. Contuve la respiración un segundo, saboreando el momento, observando la hoja afilada avanzar implacable, echando de menos mi propia vida. 

martes, 15 de mayo de 2012

Los equilibristas en los tejados

Todo el mundo, por lo general, se gira a observar cuando sonrío por la calle. Los vagabundos, los trajeados, los perros. Hoy, incluso, me observan sonreír los equilibristas en los tejados. 

Feliz Navidad en Primavera

Era primavera, y los militares aprovechaban el buen tiempo para sus ejercicios en la gincana. Algunos curiosos nos agolpábamos a observarlos tras las rejas. Cada día había más tráfico, más coches subidos a las aceras, y yo apuraba el paso sorteando los obstáculos, en forma de señoras con carrito y cacas de perro. Cada día había más policía. Y entre el bullicio se tejían estampas imprevistas. En aquel momento, conmigo retirándome el pelo de la cara, que el viento incesante se encargaba de hacer bailar demente, se hizo paso a través de la calle infestada un trenecito de juguete gigante, con una chimenea brillante y tres vagones, y un rótulo a cada lado, deseando feliz navidad a los transeúntes. 

lunes, 14 de mayo de 2012

A la vieja Janis Joplin

Mi ciudad parece Cádiz, dicen los marineros. Están levantados los adoquines de la mayoría de sus calles; y sus fachadas, cubiertas de cicatrices. Mi ciudad tiene puerto, y aires de capital de provincia. En algún momento suspendido en el tiempo se creyó opulenta y elegante, y ahora vive sitiada, marchitándose por muchas de sus esquinas. Mi ciudad no es mía, como no lo fueron las anteriores; y a la vez es mía, como todas y cada una de ellas. Ahora apenas la recorro, apenas la desgasto con mi paso apurado. La vida me lleva a cruzarla rápida, pero siempre intento sonreírla. A los muchachos con las metralletas, a los gitanillos en los soportales, a la vieja Janis Joplin, que a veces canta y a veces grita, y a la anciana del primero, que pone la televisión a todo volumen, con la ventana abierta, y en el alféizar los geranios.

sábado, 12 de mayo de 2012

Alfabeto griego de madrugada

Me apetecía leer durante horas, pero no encender la luz. Así que me paseé distendida por el alfabeto griego para encontrarme en ribetes y ojales de todas las alphas, las betas y las gammas. Luego salí a la ventana. Cada vez salgo menos, porque aunque merezco mi marco cariñoso dibujar la calma de su cuadro de doble ventanal, también merezco las horas de sueño y las mañanas discretas. Me sorprendió ver un sinfín de luces encendidas. La noche no era fría, pero el viento agitaba con furia todas las presencias.

El momento de recreo pasó rápido y corrí desgastada a la cama. Después de todas las horas del día, y de todas las horas de la noche, me dormí lo que restaba al reloj, sonriendo.

viernes, 11 de mayo de 2012

Culpa par odium exigit

Quizás nunca me haya querido demasiado porque yo buscaba maneras extrañas de llamar la atención, que la ponían constantemente en un brete y la hacían pasar bochorno y vergüenza. Me pintaba la cara de azul, y pegaba a los otros niños en la escuela. Me disfrazaba y me ponía las prendas del revés, e imitaba a todos los protagonistas que en las novelas odiaban a sus padres. 

Luego crecí y no demostré ser muy listo. La suerte nunca tuvo la delicadeza de parar a sonreírme y me vi envuelto en diversas desgracias. Eso la mantenía inquieta. El trabajo me manchaba las manos de grasa y los pulmones de hollín, y apenas ganaba para el combustible y el seguro médico. Conmigo nunca pudo alardear de nada.

Tampoco supe quererla nunca. No sabía hacerla reír o hablarle de cosas interesantes. Recuerdo que otros la hacían reír. Pero no yo. Hacia mi siempre adoptaba una pose de recelo discreto. No me ignoraba delante de otras personas, pero tampoco me miraba si yo le hablaba, y me daba escueta réplica.

Canadá

La mano temblorosa en la cerradura del regreso, y en las sienes palpitando frenéticas todas las palabras que llevo horas escogiendo, imperativo el pensamiento de mantener la calma, de ofrecer una disculpa, de saber expresar que no es sólo arrepentimiento. Y girar la llave, y sujetar con firmeza las lágrimas desbocarse con sólo adivinar la silueta reflejada en los azulejos. Canadá. Paso titubeante y mirada gacha, y el tono más quedo que podría llegar a ofrecerte. Me clavas el odio, no me das chance. 

Sé que mis palabras manidas no bastarían, pero ni siquiera un segundo tengo para enseñártelas. Me ofendes, me enfadas, me da asco: me dices. Y camino lentamente, con la autocompasión descompensándose en magnitudes exageradas, y el humor en los ojos al borde mismo del abismo, y me escondo en mi rincón, a lamerme la sangre, de manera literal y metafórica. Y ya estoy en casa. 

Rota

Estoy rota, soy consciente. Y quiero que seas consciente de que no puedes recomponerme.

La que no soy yo

La que no soy yo me insulta por teléfono, se rie de mi angustia. La que no soy yo se me planta muy cerca, con actitud amenazante, clava en mis ojos sus ojos de hielo. Se vanagloria. Se carcajea. La que no soy yo me llama zorra. Me llama loca. Me envenena.

Obligarte a prometerme

Le obligo a prometérmelo. Lee el periódico en la cocina con la imperturbable calma de los que viven en paz. Me acerco dubitativa, ordenando las frases en la cabeza, y dejo el tazón vacío en el fregadero. Mis sollozos no me dejan hablar como una persona normal, me expreso balbuceante. 

-Quiero que me prometas, -le digo -que vas a quererme siempre. Aunque no pueda ser feliz, aunque sea así, como soy ahora, toda la vida, por favor, quiero que me prometas que vas a quererme siempre.

Y me abraza, y me dice "cómo no voy a quererte".

Me pregunto si al cerrar a mi espalda la puerta, mi infelicidad le inquieta.  

Hoy te quiero menos

Por cada vez que me quites algo que quiero, te quitaré el doble. Por cada vez que llore, por cada arañazo que me haga, por cada vez que no pueda soportarlo, te arrancaré algo. Por cada vez que tenga que pedir perdón porque he dejado que me desborde otra vez, por cada vez que tenga que odiarte, te odiaré de verdad. Hoy, para mi, eres un poquito menos. 

Porque sólo acudes cuando estás sin nada, porque yo comparto. Porque sólo te intereso por las circunstancias, porque estoy de paso, entre llamada y llamada, y sirvo para entretenerte un rato. Porque puedes venir, y abrir de par en par mi vida y llevarte lo que te da gana, sin devolverlo, sin valorarlo, sin pensar que me despojas de las cosas que le dan sentido a algo que no lo tiene. Hoy, para mi, eres algo un poquito más sucio, un poquito más negro. Hoy yo te quiero menos. Veremos mañana.  

Desayuno

Ya está aquí el café. Llega tarde, pero lo agradezco igualmente. Tendría que haber estado aquí a las siete, cuando la respiración agitada y los lloros entrecortados no me dejaban respirar. Tendría que haber estado aquí a las ocho menos cuarto, cuando sonó el despertador y se fraguaba la tormenta. Tendría que haber estado aquí hace una hora, conmigo desatada en mi soledad, golpeándome con firmeza la cabeza. Tendría que haber estado aquí cuando lo estaba el alfiler afilado, desgarrándome bajo mi mando tembloroso. Tendría que haber llegado antes, pero llega ahora. 

Está frío. Y apenas tiñe la leche del color de mis derrotas. 

Esperándome

Y sigo esperándome pese a que ya esperarme ni sentido tiene. Sé que no vendré, o que llegaré tan tarde, que cuando llegue, ya me habré ido. 

Amenaza

Llegará un día en el que me levante por la mañana y, como hoy, todo esto ya no me sirva. Llegará un día en el que no me basten ni las tijeras ni los nudillos. Llegará un día en el que a bofetadas no pueda aplacar la histeria. Llegará un día en el que chille y sangre de verdad, y no como chillo y sangro ahora, entre bolsas de edulcorante, entre arañazos paralelos que no se desbordan, sólo me contienen.

Llegará un día en el que nada sea nada, y todo se derrumbe. Llegará el día de cumplir amenazas. 

lunes, 7 de mayo de 2012

Empezar

Y entonces, de repente un día, sin esperarlo, sin que nada lo vaticinase, sin que hubiese indicios, ni pistas, ni señales, un día de repente, sin darme cuenta, dejé de llorar. Y sonreí de nuevo. 

domingo, 6 de mayo de 2012

Todas las noches menos la Noche

Todas las noches la dejaba escaparse. Todas las noches salía la gata a maullarle a la luna. Todas las noches le dejaba yo un poco abierta la ventana, sin que Ella se enterase, por supuesto, porque me mataría; para que la pobre gata se escapase un ratito de la rutina de sus cuatro paredes, y se perdiese por los tejados, libre, sin que nadie le permitiese o le prohibiese nada. 

Todas las noches se escapaba la gata, y todas las noches regresaba al ratito. Todas las noches, menos la Noche. Y yo sabía que era culpa mía. Ella lloraba y no lo entendía. Y yo miraba inquieta la ventana entreabierta, rezando en silencio, siseando bajito, llamándola callada, pero llamándola a gritos.

El poeta

El poeta mata a sus víctimas sin inmutarse. Sin titubear, clava el puñal en lo más hondo, hasta sentir brotar la sangre tibia, hasta sentir el olor intenso de las entrañas. Les mira a los ojos, y, saboreando el segundo, retira con brusquedad el estilete. 

Y la víctima, que aún no lo se lo cree, se desvanece. El poeta se aleja amparado por las sombras, y sólo quedan, inundando los callejones sombríos, ríos de tinta bermellón tiñendo los charcos. 

Lo prometo

Mañana cambio el mundo, lo prometo. Lo deshago, lo compongo, me lo invento. Mañana muevo el mundo, lo prometo. Sabes que no miento. Sabes que lo digo siempre y siempre lo intento. Que me levanto, lo descoloco, lo agito y lo inquieto. Sabes que me acuesto y que lo sueño. Mañana me como el mundo, lo prometo. 

Menos los ojos

Los ojos no, eso tiene que quedar claro. Del resto pueden llevarse lo que quieran. Pero los ojos no. Los ojos no se los doy a nadie. Imagínate que los regalo y luego pasa como en aquella novela, y no puedo ver más allá de la vida... Si... tienes razón, en aquella novela el esqueleto tenía un ojo de cristal, por eso veía. Me da igual, como sea. Los ojos no, eso hay que poder marcarlo en alguna parte. Lo que sea, lo regalo todo, menos los ojos. 

Cuando me preguntó

Cuando me preguntó porqué prefería estar triste no supe muy bien qué contestarle.

Perdí la mirada tras los barrotes de la ventana. Fuera se veía un jardín, muy grande, con muchos árboles. Una anciana caminaba sin rumbo fijo, lentamente, como desorientada. Dijo mi nombre con tono imperativo, y repitió la pregunta. Me miré las manos, sobre mi regazo, y pensé que odiaba aquellos pantalones de pana marrón que mamá me obligaba a ponerme, pero que eran calentitos. Y que en la habitación hacía frío.

Repitió mi nombre otra vez. -¿Por qué prefieres estar triste?

Le clavé la mirada y tragué saliva. Comencé a hablar. Y así empezó todo. 

Domingo

Comiendo moras, con las piernas balanceándose, sentada en el muro, se pasó el verano. Fue como salir de un largo sueño que sabe a poco. Como un domingo desocupado. Me dejó el enfriar de la tarde, las colas de las lagartijas, postillas en las rodillas. 

Egoísta

Dime que no he envejecido, dime que he madurado. Llámame bonita. Di que en mi sonrisa fue lo primero en lo que te fijaste. Di que echas de menos oírme reír, que echas de menos verme ilusionada. Recuérdame cómo fui feliz antes, dibújame cómo seré feliz en el futuro. Acaríciame el pelo. Llámame niña. Trátame como si fuese de cristal cuando veas que me rompo. Deja que me rompa, contra las paredes, contra los espejos, contra las tijeras y las ventanas, y recompón mis pedacitos. Con paciencia, miles de veces, todas las veces que jugaré a destrozarme. Mírame sin prisa, o, por lo menos, no esquives mi mirada. Pregúntame si te quiero y oblígame a recordártelo. Dime que me quieres de manera repetitiva y exagerada, para que no me falte nunca aire. Sonríeme, como a los gatos, como a los niños. No me sueltes la mano. No sabré compensártelo, de eso no hay duda. No sabré devolverte nunca todos los favores. Y siempre pediré más y más sin dar quizás nada a cambio. Arañaré, bufaré, me morderé una y mil veces, rugiré y lloraré, y me dolerá el estómago. Pero quiéreme un poco, tan sólo un poquito, y nunca me atreveré a irme de tu lado. 

sábado, 5 de mayo de 2012

Grietas

Las aceras grises se agrietaban, como los surcos de mi cara, con el discurrir de las estaciones.

Fotos

Por aquel entonces coleccionaba fotos de una chica que no tenía nombre. Recuerdo algunas, en las que aparecía de perfil, sentada en el alféizar, de espalda, apoyada contra los barrotes. Recuerdo sus ojos, lunares, gigantes, hipnóticos... Me asusta pensar lo mucho que se parece a Jane. Lo poco que se parece a mi. 

miércoles, 2 de mayo de 2012

Lloro

Lloro, lloro, lloro, lloro, lloro. Lloro, lloro, lloro. Lloro, lloro. Lloro, lloro, lloro, lloro. Lloro, lloro, lloro, lloro. Lloro. Lloro, lloro, lloro, lloro, lloro. Lloro, lloro, lloro. Lloro. Lloro, lloro, lloro, lloro, lloro. Lloro, lloro, lloro. Lloro, lloro. Lloro, lloro, lloro, lloro. Lloro, lloro, lloro, lloro. Lloro. Hasta que pierde su sentido. Lloro, lloro, lloro. 

martes, 1 de mayo de 2012

Renuncio

Me fui arrancando todas las plumas. Por aburrimiento, porque estaba harta de ver siempre los mismos colores, porque empezó a picarme y no podía parar. 

Estoy sola en mi palomar, no me importa tener este aspecto, no hay nadie para verme. Sólo mugre, palomina, y restos de mis plumas. Tampoco me importa no volar. 

Flores marchitas

Vi la belleza en las flores marchitas. El tiempo había pasado, nos habíamos hecho mayores.

De noche

Caminaba, empapado por el desconsuelo, con la capucha puesta y la cabeza gacha.

Mayo

Parecía recién estrenada la primavera, pero era mayo. El tiempo nos dio una bofetada en la cara. Mayo con sabor a marzo, remolcando siempre sus cuentas pendientes. Los días eran más largos, aunque no sabría precisar si eso era bueno, y como marzo se había consumido, y abril nos había dado una tregua, allí me encontraba yo, todavía, esperando paciente a que tú te decidieses.