En las novelas que leíamos a oscuras, si no quemabas a tus víctimas, se levantaban de su sepultura y te perseguían como fantasmas, eternamente. Esta es la realidad, no es ninguna de aquellas novelas. Aquí cada uno de tus muertos te sopla en la nuca, con su aliento de ira y venganza, aunque les prendas fuego tras darles muerte.
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