Me costó bajar la caja de lo alto del armario. Había tacos inmensos a mano, y también había muchos otros impresos, maquetados con un gusto que me hizo sentir un pinchazo de orgullo. Los había de todos los colores. Sobre todo malos. Sobre todo intensos. Me reconocí en los protagonistas cien veces. Y aunque me nombre figuraba en todos, al pie como firma, no podía recordar haber escrito ninguno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario