Me lo crucé. Venía corriendo con las manos en la espalda, y me pareció raro. Siempre me decís que no me gire a mirar a la gente, pero lo hago de igual modo. Y al girarme me di cuenta. Llevaba las manos llenas de sangre. Se me congeló algo por dentro y apuré el paso. Al llegar a la carretera general, vi un tumulto de gente que se agitaba nerviosa. Tragué saliva y me invadió esta sensación que no he podido arrancarme todavía. En una esquina, la chica acuchillada.
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