Es difícil no odiar el giro constante del mundo, cuando se vuelve y se revuelve para sacarme la lengua y burlarse de las cosas que, no hace tanto, aún hoy en pesadillas, consideré importantes. Es difícil no odiar los coletazos de la presa que casi muerta, se resiste a su destino. No es fácil olvidarse de todo, evadirse de las cicatrices, hacer como que los nombres no importan. Es difícil no odiarlo todo, no querer escupirles. Se me hace difícil, en los días de otoño, no recordar el frío que hemos pasado, y querer matarles a todos.
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