lunes, 8 de octubre de 2012

La bata azul de felpa

Era un edificio antiguo, rodeado por un bosque. Recuerdo las mañanas de invierno, demasiado temprano, demasiado frío, mi cara triste contra la ventana del autobús, intentando adivinar lo que me depararían las cuatro horas siguientes, mientras la silueta de la fachada se adivinaba entre la niebla. 

Recuerdo un solo nombre, el de la señora Francisca, y el color azul eléctrico de su bata de felpa. La podías encontrar a primera hora sentada en el banco del vestíbulo, o postrada, con la mañana avanzada, frente a la ventana del tercero, desde donde observaba las camillas cubiertas con sábanas blancas, que transportaban los cadáveres del día a día hacia el crematorio.

Han pasado muchos años. Supongo que la señora Francisca, como aquellos otros de los que ella llevaba diariamente la cuenta, también habrá muerto. 

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