Se había hecho ya de noche y yo seguía sin conciliar el sueño. Era una circunstancia en la que me encontraba a menudo. Recorté algunos versos de ésos que amontono sueltos, y bebí manzanilla, tratando de aplacar al monstruo del estómago. Como tantas otras, también aquella noche, me senté a reciclar poesía, me senté a escribir mentiras.
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