El cálculo cuantitativo de mis espirales en repetición tiene un nombre que se me antoja precioso. No puede hallarse su valor en un punto concreto, pero Ana, que hoy traía un vestido de flores a juego con su rostro sereno de mujer madura, dice que es integrable, de tal forma que, estableciendo un punto en el que mi desorden sea cero, puedo calcular su valor exacto en el instante que yo decida.
El cálculo cuantitativo de mi tendencia al caos me tiene absorta y ocupada estos días.
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