sábado, 9 de julio de 2011

La casa

Truena y parece que la tempestad se desata sólo encima de mi cabeza. Llueve sobre mi esqueleto y me empapo al instante, para tiritar en un baile que sé intermitente pero constante. Interminable.

Las lágrimas van comiéndose ávidas las mejillas y grito, y me asfixio y muero de nuevo. La casa se cae encima de mi cabeza.

Abro la puerta y salgo a la calle. Un tímido sol de Marzo me acoge cálido y, al comenzar su paseo las zapatillas por la acera, comienza a calentarme los huesos que el temporal de la casa pretendió convertir en hielo un segundo antes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario