Es como quedarse de pie, paralizada, mientras la lluvia comienza por rozarme tímida, para acabar estallando sobre mi cabeza.
Es como saber que estoy ahí, de pie en medio de la calle, con la lluvia resbalando a sus anchas por el pelo, por las mejillas, por la chaqueta, empapando mis zapatillas siempre desgastadas.
Es como ver que estoy ahí quieta, bajo la tormenta, sin moverme. Sé que me mojo, que tengo que reaccionar, correr, ¡ya!, a cobijarme en los soportales. Pero pese a saberlo sigo ahí, de pie, quieta bajo la tormenta, sin moverme, mientras la lluvia campa a sus anchas empapando mi pelo, las mejillas y la chaqueta, y mis eternas zapatillas desgastadas.
Se abre la puerta y entras. Y es así como me siento. Como si estuviese paralizada librándose sobre mi una tormenta.
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