Se abrió, sin quererlo, la caja de Pandora. Antes, en lo que ahora me parecen tiempos remotos, hacía falta un tormento, una desdicha, un sufrimiento, una hecatombe. En esa época pasada, y que semeja tan lejana ya, siempre hacía falta esa opresión en el pecho a modo de angustia, para vertirse, fluída, la tinta de un bolígrafo. En esos tiempos remotos de folios manchados de azul y lágrimas pudriéndose en los cajones.
Por la ventana entreabierta llegan, como en un suspiro, los vapores de la calle a mezclarse con la atmosfera del salón. Las mañanas son frías en Lugo. Pero lejos de hacerme sentir aterida, la sensación térmica me alivia los ojos, me despeja los pulmones y me hace sonreir mientras canturreo la ultima cancion que sonó en el radiocassette antes de salir, mientras espero el autobus. <<Será que apenas necesito respirar y me salgo con la mia. Dirán que apenas necesito respirar...>>
Se abrió la caja de Pandora de repente, y no podría explicar si lo hizo sigilosa o formando un gran estruendo. Sólo admiro,perpleja, al observarme, que las historias, que las palabras, salen por mi nariz al devolver el CO2 a la atmosfera, se cuelan entre los surcos que va dejando a su paso el bolígrafo y lo impregnan todo de esa sensación tan cálida que es la inspiración.
Escribo mucho ultimamente. No es que la imaginación se haya parado en mi puerta con ganas de charla y café. Son todas las notas, todas las secuencias almacenadas en el disco duro que alguien un dia dió en llamar cerebro. Todo estaba ahi, escondido, guardado. Y ahora todo está aqui, explotando ante mis ojos en un caleidoscopio de realidad infinita que me abofetea impasible. Sujeto palabras con las manos.
Y con mis palabras, sujeto el mundo.
Será... que apenas necesido respirar...