Debió de caérseme al bajarme del coche. Es extraño perder efectos personales. La cartera, la documentación, el teléfono, las llaves. Es extraño no poder entrar o salir, o arrancar. No poder identificarse o encontrarse, de repente, perdido lejos de ninguna parte, sin poder llamar a gritos a casa. Venid a buscarme. Debió de caérseme al bajarme del coche. No llevaba dentro nada demasiado importante. Sólo la fe y la esperanza. Pero a decir la verdad, los últimos meses, ya apenas las usaba.
Debió de encontrarse sola, perdida de repente. Lejos del calor mundano de los bolsillos, del tacto agrio de mis manos cansadas de trabajar y reirme. Debió de gritar en silencio, llorar de miedo, temblar. Debió mojarse en el suelo, inmóvil, añorando tus ganas de humo, de identificarte, de evadirte. Debió de sentirse humana, desaparecida, triste... pero debió de sentirse llena de fe y esperanza, de ruido y de furia, de recuerdos: ella jamás te olvidará.
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