miércoles, 25 de abril de 2012

Mushnik

Me acerqué todo lo que pude al espejo para examinarme los ojos. Si, es posible que estuviesen un poco más amarillentos. Saqué el calibre de su funda y medí la distancia que va del párpado inferior al centro de la nariz. Del primer cajón de la cómoda saqué la agenda y la abrí por la página marcada. Anoté el resultado. Casi un cuarto de pulgada menos que la noche anterior. Me dirigí al pasillo. Descolgué el teléfono. Había llegado la hora de llamar al señor Mushnik.

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