martes, 10 de abril de 2012

La hermanastra malvada

Yo no era de esas que se lo gastaban todo en sonreír. Siempre había preferido las miradas altivas y los gestos de desprecio. Quizás porque era la fea y, jugando en el patio trasero, nunca me tocaba ser la princesa, siempre la hermanastra malvada. 

1 comentario:

  1. Nunca tuve un patio trasero, y nadie con quien jugar. Las aventuras las vivían los juguetes, a mi voz, pero no era yo. No vivía, no jugaba.

    Escribía, pero no narraba cuentos, porque no tenía a quién contárselos.

    Hasta que aparecieron los gatos. Siempre he sido más de gatos que de princesas.

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