sábado, 28 de enero de 2012

Todas las horas del día

Y fue así como pasaron, dándoles yo la espalda, todas las horas del día por mi ventana.


Nació el sol tímido y el ventanal congelado abrió los ojos como platos. Me senté en la silla y hundí la cabeza en universos conceptuales, de formas orgánicas y cromatismos diversos. La luz se comió la estancia y las lágrimas de rocío corrían alegres por los cristales, con el sabor agridulce de las canciones inmensas que colapsaban la radio. Las formas se tornaron difusas y más tarde concretas, y los colores danzaron en mi caleidoscopio infinito. Y corrí las cortinas y difuminé la caída la tarde, con la habitación naranja, la ventana azul, la cabeza encerrada en mi caja de luces. Y cuando parpadeé sólo me alumbraba las manos el foco. Y los faroles a mi espalda eras gotitas rojizas reflejadas en el espejo. Y bajé la persiana a media asta. Y el degradado fue decreciendo hasta que todas las tintas del día se fundieron a negro. 


Y así fue como pasaron, dándoles yo la espalda, todas las horas del día por mi ventana. 

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