Hoy el mundo amaneció congelado. Azul, triste, gélido, con la niebla invadiendo las aceras y los cristales empañados. Cargando malas noticias. Me apené al imaginarles llorando, y la jornada languideció oscureciéndose a medida que transcurrían las horas. Llegó la noche, funesta. Y al día siguiente, el sepelio.
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