Pasan todo el tiempo cosas que no entiendo. Chillas. A mi y a todo el mundo. Me llamas zorra, y sólo estoy intentando mediar entre tus gritos, los portazos y las crisis de ansiedad. Y te ríes. Como si fueses la reina de corazones y todos tuviesen que hacerte caso. Eres déspota, soberbia y cruel. Me clavaste las uñas y me sangró la mano. Te hubiese partido la cara de haber podido.
Luego subí, y lloré. Porque vi que no hace tanto la que eres tú ahora, ésa, era yo.
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