Llueve a cántaros. Parezco salida de la ducha, el pelo goteando, las botas empapadas, la chaqueta teñida de un color imposible. Se oyeron los truenos y se desató sobre mi la catástrofe, sin darme tregua para guarecerme. Y al llegar a mi destino, el trabajo de la noche pasada resultó infructuoso. Y ni siquiera eso consiguió borrar mi sonrisa. No sé qué me pasa, que soy feliz sin motivo.
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