Y el sueño se me comió los ojos. Soplé el interruptor y me acurruqué entre los libros, enroscando el rabo. Con el parpadeo cada vez más ralentizado se acababa el martes. Los martes son siempre interesantes. Y en lo que duró un suspiro dormí del tirón hasta la mañana siguiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario