Ver películas de vaqueros en las que uno tiene la pistola y el otro cava. Tijeras amigas. Estilismos imposibles. Enseñarte todos los libros que te conocen, aunque tú no a ellos. Fotografiar el bigote, y los bichos, y otras cosas que se mueren. Enseñarte los rincones de mi pueblo y de mi cuarto. Hacer bocetos mientras los Beatles me miran con sus sombreros de torero, y hablar sobre ver cantar de rodillas al hombre delgado. Viajar, con cierto miedo de retrovisor en los adelantamientos. Leer cuentos en voz alta. Repasar con los dedos nuevos vinilos viejos. Muchos tesoros de pasado y playa que enseñarte. Ver caer las hojas para descubrir los barcos inmensos de fondo. Probar arroces que tengan verduras. Planes de futuro y sábados de lluvia.
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