Todo el mundo viviendo, y yo muerta en vida. Sin ganas de moverme, sin ganas de pensar, de respirar, de tener que explicarme. Sin ganas de verte. Todo el mundo viviendo y yo muerta en vida, mientras se pasa el verano, como todos los veranos, caluroso y exasperante, se pasa, se pasa, se pasa, se termina y yo tiemblo, por haberlo dejado escapar, por no haber vivido. Todo el mundo viviendo, y yo muerta en vida. Encerrada y sola. Cansada y harta. Todo el mundo viviendo, y yo muerta en vida. Sin ganas de nada, sin amor y sin odio, solo vacío. Todo el mundo viviendo, y yo, muerta en vida.
viernes, 3 de agosto de 2012
Verano
Papá y mamá se han ido a la playa. Dejaron la nevera vacía porque es tontería, ya ni siquiera como. Me animaron a levantarme antes de irse. Papá se ofreció a aparcarme el coche si decido marcharme más tarde y no sé estacionar cuando llegue. Pero no me he levantado. Llevo así días. Sin moverme. Ni siquiera para fumar en la ventana. Hasta eso me resulta agotador.
Es verano. En verano siempre muero.
Es verano. En verano siempre muero.
El fiel reflejo de la iniquidad y el cinismo
La odio porque es el fiel reflejo de todo lo que temo. Representa la navidad aburrida, con tu padre dándole vueltas a la comida, desganado, manteniendo él solo una conversación que nadie sigue. Representa la iniquidad y el cinismo. La crítica al hogar de los demás y el suyo roto y sucio. Los primos a los que hace siglos que no habla, y ahora tienen hijos, y los hijos lo son todo, y se le cae la baba y les habla con voz de pito y les ganchilla patucos. La odio porque se apresuró a decirle al alcalde que yo no era familia.
La odio porque representa todos y cada uno de tus defectos. El rictus serio, el pelo rubio, las palabras crueles contra los que luego sonríe, mientras les llena el plato. La iniquidad y el cinismo. La odio porque te quiere, pero no habrá sabido hacerlo, y ahora tú no sabes querer a la gente. Tienes esa visión distorsionada de lo que es el cariño, que a mi no me basta. La odio porque me odia, aunque disimule. La odio porque odio pensar en los patucos que le ganchillaría a mis hijos, mientras a mi me llena el plato de aburridos domingos. La odio porque la odio, como lo odio todo, con motivos o sin ellos. Solo odio siento. Soy el fiel reflejo de todo lo que temo. El fiel reflejo de la iniquidad y el cinismo.
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