Se hace difícil no perder la cuenta de los peldaños. Subo, subo, subo, y mis pulmones alquitranados no bombean los litros de oxígeno suficientes para llegar al final de las canciones de Led Zeppelin, y tengo que parar a respirar en la ventana abierta al vacío. Subo, subo, subo y ya llego. En espirales me mareo, siempre hacia arriba, siempre subiendo.
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