Le regalé en una sonrisa mis labios tangerine tango, y las perlas de mis dientes. Con paso apurado solté unas monedas y le miré desafiante. Llevaba el sombrero vaquero calado hasta las cejas y entoné el final de la estrofa con la mirada, y la sonrisa, clavadas con esmero. Rasgó las cuerdas, vocalizamos al unísono. In them old cotton fields back home. Me giré, y le sonreí de nuevo. Y me sentí a una milla de todas partes.
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