sábado, 31 de marzo de 2012

Despegándose las letras

Y cuando menos lo esperaba, comenzaron a despegarse las letras de las paredes.

Fueron cayendo primero las de las líneas superiores, como si fuesen las hojas de un árbol caducifolio. Al principio me esmeré en recogerlas con cariño, apilé todos los libros de poemas que me has ido escribiendo con los años, y me subí a ellos para colocar en su sitio las capitulares, que, por su peso, fueron las primeras en besar el suelo.

Pero poco a poco comenzaron a acumularse. A despegarse por una esquina, y por la opuesta, se despegaban ya los versos que ocupan las últimas líneas, los que encabezan los poemas, y los del medio. Se caían las vocales, las consonantes, y los signos de puntuación eran de repente los únicos que vestían las líneas desnudas. 

Intenté guardarlas en los bolsillos, que no se me arrugasen, intenté que no se pegasen entre ellas, intenté que no se rompiesen...

Sudaba, y no tardó en llegar el momento en el que sentir las lágrimas ascendiendo veloces hacia la cuenca de mis ojos... Temblé al pensar que estallaría otra vez.

El resto me miraba desde una esquina, recostados, algunos ya durmiendo. ¿Para qué te molestas? Me dijeron. Los poemas se caen, se despegan, se olvidan, se mueren. ¿Qué ganas luchando por lo inevitable? 

miércoles, 28 de marzo de 2012

Dibujo letras

Me sobran y me faltan astas y brazos. Los ojales se me quedan pequeños y me asfixian. Me corto las orejas, deformo los anillos y los remates. El blanco interno se me antoja infinito. 

Subiendo

Se hace difícil no perder la cuenta de los peldaños. Subo, subo, subo, y mis pulmones alquitranados no bombean los litros de oxígeno suficientes para llegar al final de las canciones de Led Zeppelin, y tengo que parar a respirar en la ventana abierta al vacío. Subo, subo, subo y ya llego. En espirales me mareo, siempre hacia arriba, siempre subiendo. 

martes, 27 de marzo de 2012

Gajes del oficio

No vendes tu sangre, pero todo son traiciones. El fiel reflejo del mundo. La sombra diluida de todos los grandes que hemos perdido. Los sacrificios justificados y los cadáveres en el armario. Es lo cotidiano de la lucha, los días vencidos, las muertes a cuestas, los versos ganados, los ocasos sombríos. 

Cantantes de autobús

Le regalé en una sonrisa mis labios tangerine tango, y las perlas de mis dientes. Con paso apurado solté unas monedas y le miré desafiante. Llevaba el sombrero vaquero calado hasta las cejas y entoné el final de la estrofa con la mirada, y la sonrisa, clavadas con esmero. Rasgó las cuerdas, vocalizamos al unísono. In them old cotton fields back home. Me giré, y le sonreí de nuevo. Y me sentí a una milla de todas partes. 

Murciélagos en la ventana

Hoy la ventana olía a cardillo y a kiwi. Silbaban histriónicos los murciélagos, paseándose en ráfagas veloces, con sus alas afiladas.