jueves, 9 de febrero de 2012

Y es posible

Y es posible que se me escape el tiempo en los meandros ondulantes y sinuosos de los días, en los que los colores cambian de forma a medida que la luz incide sobre ellos. Los círculos rojos, azules y verdes, transmutados en los ojos que me miran y me acechan, desde la cercanía y la distancia. 

Y es posible que se escape el tiempo a borbotones, expulsado, escupido, a gritos y a regañadientes mientras me desespero bajo los cielos estrellados, bajo todos los cielos estrellados, los de las estrellas de colores, los huérfanos de estrellas, los tiempos infinitos, el sol de otoño y la tormenta de primavera, que se desató sobre mi y me dejó oscura y vencida.

Es posible que se me escape el tiempo o que incluso que el tiempo mismo no exista. Y yo sea un ente anclado y ausente entre los estores que dibujan paisajes marineros que a veces odio y a veces quiero. Es posible que ni yo sea yo ni el tiempo, tiempo, e inconclusa e impretérita, me deslice sempiterna por mis sueños imposibles, llenos de hielo y arañas. 

Y es posible que el frío sea frío y mis llantos eternos. Y mi sonrisa descuidada y a veces abyecta, abatida e insensible, a veces olvidada. Y es posible que los gritos sean ahogados y las caras recién lavadas ni padezcan ni sientan ni mucho menos, a veces, vivan.  

Es posible que los segundos no sean exactos y se anclen y se desvanezcan. A veces, todo es eterno. Y sin embargo, todo es efímero. 

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