Eco odia su trabajo. Odia la monotonía de sus días estériles. Odia su pequeño apartamento, lejos de todas partes. Odia a su madre y a su monólogo incansable por teléfono una vez cada dos semanas. Odia sus amigos, sus noches de borrachera, sus ocasionales rayas de cocaína, sus fotos amontonadas en álbumes llenos de polvo, sus recuerdos de la infancia y los temores que la sobrepasan.
En resumen, Eco odia su vida, todo lo que conoce y todo lo que tiene.
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