Es hora de escribir, gata.
Es Septiembre.
sábado, 14 de septiembre de 2013
miércoles, 19 de diciembre de 2012
El color de aquellos días
El color de aquellos días era el de los trozos de papel de regalo dibujando mosaicos sobre la alfombra. El color de aquellos días era el del brillo tintineante de las pequeñas luces que abrazaban el árbol. El color de aquellos días era el del añil nocturno a partir de las seis de la tarde. El color de aquellos días era el de la ilusión, haciéndome cosquillas.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Atroz pena
Lloraba a veces como un niño. Se encogía en sus rincones y se deshacía en llanto, en gemidos agudos e inconsolables. Lloraba de nerviosismo, de ansiedad cruel e incesante. Rompía en sollozos, musitaba lamentos, se quejaba de no saber la causa exacta de su atroz pena. Yo le acariciaba la cabeza, en silencio, sin saber muy bien qué decir la mayor parte de las veces. La ternura que su dolor me producía no era capaz, ni entonces ni ahora, de explicarla con palabras corrientes. Compré otro cuaderno. En él garabateé símbolos inventados con los que escribirle un nuevo cuento en el que ahogar su condena.
Tardes violeta violento
Era violeta la tarde mientras el sol se caía, retorciéndose sobre las fachadas. Humedecía el inverno mis huesos. Era la tarde de color violeta violento, y se escurría la condensación de la tinta en los cristales. Era la tarde violeta, y dentro, luces de colores dibujaban enjambres brillantes en las paredes. En su movimiento circular uniforme, se reproducían constantes los Creedence. Yo, escribiendo con tinta negra.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
martes, 4 de diciembre de 2012
Mi vida, por aquel entonces
Era martes, como desde hacía tanto tiempo, todos los días de la semana.
La ciudad se encogía de frío y yo paseaba mis botas, como desde hacía tanto tiempo, todos los días de la semana, por las mismas aceras.
Las luces de colores se apelotonaban en los ventanales de la avenida principal. Yo respiraba tranquila. Me gustaba mi vida por aquel entonces.
viernes, 30 de noviembre de 2012
Laberintos de paredes blancas
Mármol en el suelo. Laberinto de paredes blancas. Miro con impaciencia a través del ojo de buey. Sin éxito, aguanto las lagrimas. Al fondo del pasillo, la pena.
sábado, 17 de noviembre de 2012
En noviembre, el castillo
El castillo, de muros de piedra y cristales rotos, se erguía olvidado frente a la ría que nos había visto crecer y derrumbarnos. Asistió en silencio a nuestro paseo, a la lluvia asediante y a decenas de fotos. Guardo de esa tarde un beso en primer plano. Guardo hojas amarillas y una chaqueta de cuero. Era noviembre. La vida comenzaba. Éramos jóvenes.
Poner dos puntos y cerrar paréntesis
Qué sencillo poner dos puntos y cerrar paréntesis. Tan fácil como escribir cartas amenazantes, como acechar, asediar e inquirir, como utilizar verbos conminatorios. Qué sencillo poner dos puntos y cerrar paréntesis y pretender despedirse con una sonrisa. Pretender preocupación y amabilidad. Pretender cariño. Qué sencillo poner dos puntos y cerrar paréntesis olvidando las flechas arrojadas, ignorando las heridas que sangraron a borbotones, obviando lágrimas que fueron perennes.
Es duro pelearse contra un muro de ladrillo, que no siente los golpes de la palabra ni del tiempo, que no se disculpa ni atiende a razones.
Qué sencillo poner dos puntos y cerrar paréntesis y reconciliarse con el mundo. No conmigo. Conmigo jamás. Un lo siento hubiese sido antaño suficiente. Hoy ya sólo obtienes de mi lengua cortada silencios eternos. Hoy tus grafismos no encuentran reconocimiento en mi alfabeto. Hoy eres para mi un idioma muerto, una merma asumible, un borroso recuerdo.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Caminos empedrados
Se pasaron todas las horas de la tarde, y entró la noche firme por mi ventana, mientras yo delineaba con pulso tembloroso. Acotada entre mis cuatro paredes sólo podía pensar en mis pies descalzos sobre los caminos empedrados de la ciudad venidera.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)