El color de aquellos días era el de los trozos de papel de regalo dibujando mosaicos sobre la alfombra. El color de aquellos días era el del brillo tintineante de las pequeñas luces que abrazaban el árbol. El color de aquellos días era el del añil nocturno a partir de las seis de la tarde. El color de aquellos días era el de la ilusión, haciéndome cosquillas.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Atroz pena
Lloraba a veces como un niño. Se encogía en sus rincones y se deshacía en llanto, en gemidos agudos e inconsolables. Lloraba de nerviosismo, de ansiedad cruel e incesante. Rompía en sollozos, musitaba lamentos, se quejaba de no saber la causa exacta de su atroz pena. Yo le acariciaba la cabeza, en silencio, sin saber muy bien qué decir la mayor parte de las veces. La ternura que su dolor me producía no era capaz, ni entonces ni ahora, de explicarla con palabras corrientes. Compré otro cuaderno. En él garabateé símbolos inventados con los que escribirle un nuevo cuento en el que ahogar su condena.
Tardes violeta violento
Era violeta la tarde mientras el sol se caía, retorciéndose sobre las fachadas. Humedecía el inverno mis huesos. Era la tarde de color violeta violento, y se escurría la condensación de la tinta en los cristales. Era la tarde violeta, y dentro, luces de colores dibujaban enjambres brillantes en las paredes. En su movimiento circular uniforme, se reproducían constantes los Creedence. Yo, escribiendo con tinta negra.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
martes, 4 de diciembre de 2012
Mi vida, por aquel entonces
Era martes, como desde hacía tanto tiempo, todos los días de la semana.
La ciudad se encogía de frío y yo paseaba mis botas, como desde hacía tanto tiempo, todos los días de la semana, por las mismas aceras.
Las luces de colores se apelotonaban en los ventanales de la avenida principal. Yo respiraba tranquila. Me gustaba mi vida por aquel entonces.
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