viernes, 30 de noviembre de 2012

Laberintos de paredes blancas

Mármol en el suelo. Laberinto de paredes blancas. Miro con impaciencia a través del ojo de buey. Sin éxito, aguanto las lagrimas. Al fondo del pasillo, la pena.

sábado, 17 de noviembre de 2012

En noviembre, el castillo

El castillo, de muros de piedra y cristales rotos, se erguía olvidado frente a la ría que nos había visto crecer y derrumbarnos. Asistió en silencio a nuestro paseo, a la lluvia asediante  y a decenas de fotos. Guardo de esa tarde un beso en primer plano. Guardo hojas amarillas y una chaqueta de cuero. Era noviembre. La vida comenzaba. Éramos jóvenes. 

Poner dos puntos y cerrar paréntesis

Qué sencillo poner dos puntos y cerrar paréntesis. Tan fácil como escribir cartas amenazantes, como acechar, asediar e inquirir, como utilizar verbos conminatorios. Qué sencillo poner dos puntos y cerrar paréntesis y pretender despedirse con una sonrisa. Pretender preocupación y amabilidad. Pretender cariño. Qué sencillo poner dos puntos y cerrar paréntesis olvidando las flechas arrojadas, ignorando las heridas que sangraron a borbotones, obviando lágrimas que fueron perennes. 

Es duro pelearse contra un muro de ladrillo, que no siente los golpes de la palabra ni del tiempo, que no se disculpa ni atiende a razones.

Qué sencillo poner dos puntos y cerrar paréntesis y reconciliarse con el mundo. No conmigo.  Conmigo jamás. Un lo siento hubiese sido antaño suficiente. Hoy ya sólo obtienes de mi lengua cortada silencios eternos. Hoy tus grafismos no encuentran reconocimiento en mi alfabeto. Hoy eres para mi un idioma muerto, una merma asumible, un borroso recuerdo. 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Caminos empedrados

Se pasaron todas las horas de la tarde, y entró la noche firme por mi ventana, mientras yo delineaba con pulso tembloroso. Acotada entre mis cuatro paredes sólo podía pensar en mis pies descalzos sobre los caminos empedrados de la ciudad venidera. 

domingo, 4 de noviembre de 2012

La chica más triste que has conocido

Siempre seré la chica más triste que has conocido. 

Siempre seré tu sombra. Incluso en las noches de oscuro desvelo y sudor frío, aunque no salga la luna, inventaré para ti luz que reproduzca en el suelo tu silueta, y ahí me acurrucaré, a abrazar contigo tu duermevela. Siempre acunaré el sueño fatigoso, tal como lo han hecho antes las mujeres importantes, siempre te mantendré sujeto, pequeño gato de nariz fría. 

Siempre seré la chica más triste que hayas conocido. Porque siempre has sabido mantener mi paso. Tengo las rodillas despellejadas de arrastrarme por el suelo en errores cíclicos y terrores retorcidos. Y tú no te has limitado a observarme. Te has arrastrado conmigo por mi propio lodo enfebrecido. Y yo me he arrastrado en el tuyo. Todo el barro que pisamos es ahora sólo nuestro. Has matado al minotauro y devorado los miedos. No he sido yo. Yo sólo permanecía firme a tu lado.

Siempre será la chica más triste que has conocido. Para ti serán todas mis lágrimas, sólo tú has sabido entenderlas. Para ti serán siempre todas mis sonrisas, como te las prometí el primer día de todos los días de la vida que nos espera. Para ti serán siempre todos mis poemas, inacabados e imperfectos. Para ti será toda mi vida, porque sólo tú has sabido quererla.